lunes, 29 de abril de 2013

CAPÍTULO 28: NACIMIENTO DE UN NUEVO REY.

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CAPÍTULO 28: NACIMIENTO DE UN NUEVO REY.

La habitación se encontraba iluminada, los rayos del sol se filtraban por la ventana y el aire jugaba con las cortinas recorriendo toda la habitación. Cientos de muñecas de porcelana, monos vestidos de músicos, payasos de porcelana se movían tocando sus pequeños instrumentos musicales. Entre risas y habladurías se llenaba de vida la habitación.

-Señortita Rimurs su hija no se está tomando las clases en serio. Creo que va a ser expulsada del centro. Decía la joven Sweet sirviendo con la tetera de porcelana un poco de té en la taza de la señorita Rimurs.

-Pues señorita Sweet su hijo no para de amenazar a sus compañeros con sus afiladas garras. ¿Qué clase de educación es la que le está impartiendo?

-Por favor, todo el mundo sabe que mi hijo es un lobito bueno, no hace daño a nadie. Decía mientras pegaba varios sorbos a la taza.

-¿Mi hija no se toma las clases de brujería enserio? Ha aprendido mucho en éstos días, creo que es ya una gran maestra en las artes obscuras.

-Pero..¿Qué está usted diciendo? Si usa la magia para matar a la gente. Entre ellas a su propia madre, es decir usted. ¿Si no por qué cree que tiene esas cicatrices?

-Disculpe señorita Rimurs, pero éstas son simples cicatrices de trabajo. Mi hija jamás intentaría hacer daño a una mosca. ¿Qué dice usted respecto a la muerte de la joven que su hijo desgarró aquella noche de luna llena?

-Esa zorra merecía morir, jamás debió hacer lo que hizo. El pobre señor ahora está hundido al cargo de dos serpientes.

Las dos señoritas miraron a la puerta se pusieron en pie y dejaron caer la taza de té al suelo, rompiéndose ésta en mil pedazos. Comenzaron a andar hacia la puerta y allí estaba la señora esperándolas con los brazos abiertos.

-¡NO! Grité desesperadamente. ¿Qué ha pasado? Me dije asustado.

Me encontraba desnudo en la cama y sudando, las sábanas se me habían liado por el cuerpo impidiendo que me moviera. ¿Qué clase de sueño ha sido éste? ¿Por qué mis hijas hablaban de éstas formas? ¿Qué hacían con esa mujer? ¿Por qué la habitación de mis hijas estaba de esos colores tan claros y decorada con esas muñecas de porcelana?

Tengo miedo, no puedo dejar de pensar, hasta en sueños no puedo dejar de pensar. Mis propias hijas recordándome lo que han hecho. Se han autollamado serpientes, ¿Víctor qué te ocurre? Voy a acabar loco.

Me quité las mantas y caminé desnudo hacia la puerta, cogí la bata del perchero me la até y salí descalzo hacia la habitación de mis pequeñas. Abrí la puerta con mucho cuidado de no hacer ruido y ahí estaban las dos, tranquilas y relajadas en sus camitas. Parecían ángeles durmiendo. Salí de la habitación, cerré la puerta y me acerqué a la ventana, estaba lloviendo. Pude sentir como si alguien estuviera al lado mío observando junto a mí en la ventana. Pero me giré y no había nadie, las gotas de lluvia chocaban con la ventana e iban descendiendo hasta formar pequeños ríos que caían al patio en forma de gotera.

-¡Aaa! ¡Mmm! ¡Aaa!

¿Qué es ese gemido? ¿de dónde proviene ese obsceno ruido?

Me acerqué a la habitación de Emily y Tía Dorothy y coloqué la oreja en la puerta. De aquí no proviene ese gemido. Miré al suelo y vi una luz filtrarse por debajo de la puerta de la habitación de Uriel, ésta se encontraba entornada, miré a través de ella y se veía una sombra moverse. Abrí un poco más la puerta y vi a Uriel desnudo en una silla, su pierna derecha estaba en el posabrazos. Su pierna izquierda estirada en el suelo, su cabeza retrepada hacia atrás, su mano izquierda rozaba su pecho húmedo por el sudor y acariciando su pezón, su mano derecha se deslizaba por su enorme miembro. No era posible lo que mis ojos veían. ¡Uriel se estaba masturbando y gimiendo a voces!

Quise cerrar la puerta despacio para que no se diera cuenta, pero ésta hizo ruido. Se levantó corriendo y vino a la puerta. Yo intenté esconderme pero fue tarde, la puerta se había abierto y podía ver en el suelo la sombra de su cuerpo delante de mí. Me giré nervioso y tembloroso y lo miré.

-No estaba mirando. Le dije ruborizado.

-Tranquilo, no estaba haciendo nada. Estaba afilando mi puñal.

Una señora mayor apareció detrás de él y le atravesó el pecho con sus manos. Volví a despertar nervioso y sudoroso. ¿Qué me está pasando? ¿Qué quiere esa mujer? ¿Por qué me tortura de éstas formas?¿Por qué tengo éstos sueños tan extraños? Me levanté y todo estaba en completo silencio, todo estaba obscuro. Encendí una vela y bajé a la cocina para beber un poco de agua. Abrí el frigorífico y saqué la botella, abrí el mueble de los vasos y cogí uno. Me eché un poco de agua y volví a meter la botella en el frigorífico. Tras acabar de beber agua puse el vaso en el lavavajillas y me subí a mi dormitorio. Encendí una vela que había en mi escritorio y abrí mi diario. Comencé a pasar páginas para echarle un rápido vistazo. Extraño a Edgar, ya no tengo a quien me lea éste libro. Será mejor que empiece a hacerlo yo por mí mismo para terminar de recordar quien soy.

-¿Cómo te llamas pequeño? Decía una voz masculina tras la cortina.

-Me llamo Edgar, señor. ¿Dónde estoy? ¿Es el cielo? ¿He muerto?

-Encantado Edgar, no estás muerto, no es el cielo y estás en mi nave. Caíste en ella como un ángel caído del cielo. Veo mucho bien en ti, eres la viva imagen de un ángel. Debes comer algo, te encuentras muy débil y es mejor que recuperes fuerzas.

El ser se dejó ver y le dejó la comida en lo alto de una mesita. Edgar lo miró a los ojos y eran verdosos, penetrantes, mágicos. Su cabello platino caía sobre sus hombros, aquel hombre era verdaderamente hermoso. Llevaba una vestimenta ligera y parecía ser muy cómoda. Las telas de su ropa casi parecían transparentar todo lo que se ocultaba bajo esas vestimentas. Su pecho estaba semidesnudo, el cuerpo estaba bien dotado y ejercitado. Sus piernas también estaban semidesnudas, un taparabos tapaba su miembro, pero dejaba al descubierto su hermoso culito respingón y bien redondeado. Era el culo perfecto, jamás vi algo igual. Sus labios no dejaban de producir hermosos cánticos entre sus palabras. Eran hechizantes y magnéticas sus palabras. Edgar quedaba embobado ante aquel extraño ser. Segundos después otro joven entró a la habitación con unos útiles para un baño. Éste joven tenía el cabello cortito y color moreno, sus ojos azules su piel más morena sus ojos eran profundos parecía como si estuvieran maquillados pero era debido a la obscuridad de sus pestañas y su larga longitud. Sus labios eran carnosos y su boca era grande. Éste venía vestido con la misma ropa pero colocada de diferente forma que el anterior. El pecho fibrado lo tenía completamente descubierto, en su cintura se ataba con un cinturón dorado la tela que se dejaba caer a mitad de pierna y quedaba descubierta por el lateral de ambas piernas.

-Vengo a bañar al joven.

Edgar no sabía para donde mirar, estaba completamente hechizado por las bellezas de aquellos seres. El joven le ayudó a levantarse y éste dejó caer las sábanas al suelo. Quedó completamente desnudo ante los dos seres extraños y comenzó a caminar hacia la bañera. Entró en el cuarto de baño y quedó enamorado del lugar. Una habitación dorada con motivos platino, y pequeños cipreses en las esquinas. Un pequeño estanque lleno de agua cristalina y nenúfares flotando en ella traía consigo a la imaginación de un pequeño paraíso. Pavos reales caminaban elegantes por la habitación. No estaban ellos solos, había más hombres desnudos bañándose ahí. Era el paraíso de los hombres, todos se quedaron mirando a Edgar.

-Entra al agua voy a empezar a lavarle.

-¿A mí? ¿No puedo bañarme yo solo?

-¿No prefiere que sea yo el que lo haga? Decía aquel joven y apuesto ser.

-Bueno.. si insiste.

El joven se quitó su vestimenta y entró en el agua, una vez dentro le tendió la mano a Edgar para que pasara dentro. El agua estaba muy caliente, tardó poco en provocar el sudor en el cuerpo de Edgar. Pero no le importó la temperatura, se dejó llevar por el momento. La esponja comenzó a deslizarse por el cuerpo de Edgar como un baile de zigzag . Las manos de aquel ser descendían por el pecho de Edgar hacia el obligo y la entrepierna. No pudo evitar controlarse y comenzó a producirse una erección. Al ser parece que no le importó, cogió entre sus manos al miembro de Edgar y comenzó a frotarlo con la esponja. Acariciaba y masajeaba suave y delicadamente el miembro. Continuó por las piernas y más tarde por los pies. Otro ser vino por detrás y comenzó a lavarle la cabeza, enjabonó y comenzó a frotar y masajear friccionando suavemente por los contornos del rostro y más tarde por el frontal, temporal, parietal, occipital y acabando en la nuca. Edgar se sentía en el paraíso, no dejaba de soñar. Otro joven comenzó a darle fruta, de una bandeja que traía. En ella había plátano, uva, ciruela, arándanos, fresas, cerezas... Tras acabar el baño Edgar salió y se acomodó en una tumbona. Los jóvenes empezaron a hacerle tratamientos en su cuerpo y a maquillarlo como a ellos. Unos se dedicaban a hacerle la pedicura, otros la manicura, otros a ponerle cremas por el cuerpo. Y otro a alimentarlo con las frutas. Una joven entró en el cuarto de baño y se puso delante de Edgar. Era rubia su cuerpo estaba semidesnudo su cabello platino le tapaba el pecho y una vestimenta le tapaba la entrepierna acabando por detrás en una hermosa cola bordada en seda.

-Disculpe señor. Vengo a ofrecerle mi servicio.

-¿Qué clase de servicio joven?

-Limpieza y pureza del alma. He visto que tienes un gran don y quiero arrebatárselo.

-¿Qué está queriendo decir? Decía asustado.

-No es nada malo. Sólo vi que tiene el poder de la licantropía. Y he visto en su mirada que tiene un trauma y está aterrado. Sólo quiero eliminarle ese mal que está desarrollando en su interior.

-De acuerdo, si es así. Adelante.

La joven sacó de un cofre dorado un frasco con un líquido color azul eléctrico. Abrió el tapón y lo vertió sobre su cuerpo. Desde la cabeza hasta los pies. Éste líquido comenzó a hacer su efecto una gran sombra negra salió disparada del cuerpo gritando. Era la viva obscuridad que salía por fin del corazón de Edgar. Éste cerró los ojos y al volverlos abrir se encontró desnudo en la orilla del lago de cristal.

-¿Qué hago aquí? Decía sorprendido.

Miró al cielo y vio una luz perderse entre las nubes.

-Ya se han marchado, ha sido todo tan... extraño. Pero creo que ha merecido la pena.

Se levantó y un copo de nieve cayó en su hombro. Éste comenzó a derretirse, por la calor que desprendía su cuerpo.

-¿Qué es ésto? ¿Nieve en pleno agosto?

La nieve comenzó a caer del cielo cada vez más rápido. Con forme caía iba cuajando en el suelo, el lago comenzó a congelarse y las flores a petrificarse.

-¿Qué está ocurriendo? Será mejor que me marche de aquí. No puedo estar en la calle con ésta temperatura tan fría y menos desnudo.

Salió corriendo y la calle estaba desierta, un viento gélido comenzó a correr. Los árboles se movían de un lado hacia el otro bruscamente. La nieve caía con mucha fuerza impidiendo a Edgar caminar. Había cuajado mucho y todo estaba cubierto de nieve, 20 cm de nieve cubrían las aceras y las carreteras.

Edgar pasó cerca de la mansión y no pudo evitar entrar en el jardín. Cayó al suelo y la alarma del coche saltó.

-¿Qué ha sido eso?

Salí de mi habitación y bajé corriendo hacia la puerta. Se me hace raro poder hacer ésto. Hace apenas unos días atrás me era imposible caminar. Me he recuperado bastante rápido y tengo una gran mejoría. Tengo que darle las gracias a todos por su apoyo y dedicación. Pero echo en falta al que de verdad estaba ahí y ahora no está.

Abrí la puerta de la entrada y vi a alguien tirado cerca del coche. Se encontraba completamente desnudo. Una gran ventisca me echaba hacia atrás, la nieve intentaba entrar en la casa.

-¿Qué es ésta nieve? ¿Desde cuándo nieva en pleno agosto?

Bajé las escaleras y corrí a ver quien era el que estaba tirado en el suelo.
El destino es muy gracioso y juguetón, le gusta poner a prueba a la gente y sin lugar a duda le gusta jugar con las personas. ¿Casualidad o destino? No lo sé, pero ésta nueva jugada del destino, no ha sido muy buena. Ahí estaba él, el hombre que un día eché a la calle, por el miedo que sentí al verle en su forma original hoy está aquí tirado en mi puerta. Y me siento incapaz de moverme y reaccionar.

Lo cogí en brazos y lo metí dentro de casa, le coloqué una manta color roja y lo cubrí aportándole calor. Encendí la chimenea, y fui a la cocina para preparar un poco de leche calentita. Edgar no dejaba de temblar, la fiebre parecía subirle. Le di una pastilla para bajarle la fiebre y le di la leche caliente para que se la tomara. Como vi que no dejaba de temblar, decidí frotar mis manos por la manta para aportarle más calor. Pero no hacía efecto; eché más leña al fuego y no parecía hacerle efecto. Tengo miedo, no puedo dejar que se muera. ¿Por qué me haces ésto destino? ¿Por qué ahora? Lo miré y no dudé en hacerlo. Me quité la bata u quedé completamente desnudo y me metí con él en la manta, quise pasarle mi calor corporal para que calentase su gélido cuerpo. Podía sentir como su cuerpo iba poco a poco entrando en calor, y sus temblores iban cesando.

-Gracias Víctor. Gracias por salvarme. A pesar del daño que provoqué y del miedo que te creé has sabido actuar como debías. Me decía mientras dejaba caer su cabeza en mi hombro.

¿Le he salvado la vida? He salvado la vida al enemigo. No puedo creer que haya sido capaz de hacerlo. Lo cogí en brazos y lo llevé hacia su habitación, lo metí en la cama y lo besé en la frente. Cerré la puerta y me marché a mi dormitorio a continuar lo que hacía.

Querido diario, acaba de regresar Edgar a casa. Poco a poco vuelve todo a la normalidad. Pero tengo miedo, aún me escama algo. ¿Por qué nieva en Agosto? ¿Será por los seres de la otra vez? No sé qué pensar ya. Todo me da vueltas, tengo tantas dudas y tantos miedos. Que aún no sé qué haré con todo.

Pasadas unas horas, me puse delante del espejo y me vi echo un monstruo. Mi cuerpo estaba deforme, sentí como si mi cuerpo hubiera engordado varios kg. Se me había quitado el apetito por todo.

-Víctor el desayuno está servido. Decía Uriel en la entrada de la puerta.

-No tengo hambre. Le dije mientras me miraba en el espejo.

Entró a la habitación y me vio frente al espejo desnudo.

-¿Qué haces?

-¡Vete! ¡No me mires!

-Víctor, ¡cálmate! Ya te he visto desnudo. No voy a asustarme. ¿Por qué te tocas de esa forma y te miras con ese desprecio?

-¡Soy un monstruo! Le dije mientras lo echaba de la habitación.

Comencé a llorar y me marché al cuarto de baño, me puse de rodillas y me metí los dedos para vomitar.

-¡Víctor, deja de hacer eso! Decía Uriel mientras me sacaba los dedos de la boca.

-¡Déjame! Quiero acabar con todo. Soy un monstruo, no puedo seguir así.

-¡No eres un monstruo! ¿Por qué te ha dado ahora por hacer ésto?

-Me veo gordo, deforme, anormal. Todo se me viene encima. Todo me supera, no puedo con ésta ansiedad que me consume por dentro.

-Víctor, no eres gordo, ni deforme, ni anormal. Te prometo que voy a ayudarte a superar todo ésto. Pero debes de tener paciencia.

-¿Paciencia? Mucha paciencia es la que tengo. Las pesadillas me están comiendo por dentro. Los monstruos de la obscuridad me observan, no sé distinguir qué es real.

-¿Qué estás diciendo?

-Anoche soñé contigo, parecía real.

-¿Qué soñaste?

No sé qué decirle, me da vergüenza tener que decirle lo que vi.

-No era nada importante... le dije apartándole la mirada de los ojos.

-Si no es importante.. no te pongas así.

-¡Sí me pongo!

-Víctor, confía en mí. ¿Qué pasó?

-Ésto... tú... Uriel. No puedo.

Me quité los brazos de Uriel que me abrazaban por detrás y lo dejé sentado en el suelo. Me levanté y me lavé la cara. Él desde el suelo me miraba, me encontraba desnudo, sudado y con vómito en las manos.

-Víctor, lávate. Y deja de pensar. Es lo mejor.

Me metí en la bañera y me comencé a echar agua por todo el cuerpo. Me enjaboné mientras Uriel limpiaba un poco el suelo y el váter. No dejaba de mirarme, y yo me ponía nervioso con su mirada.

-Uriel, soñé que te estabas masturbando. Tú saliste de la habitación y la señora mayor te clavó su mano por detrás y te mató.

-¡Qué estás diciendo! Decía asustado.
Su cara cambió por completo, parecía haber visto un fantasma.

-¿Qué te pasa Uriel? Fue sólo un sueño.

-Ha sido un sueño, sí, pero... decía con la cabeza baja.

-¿Pero? ¿Qué pasa Uriel?

-Dejemos ese tema. No es momento aún de hablarlo.

Salí de la bañera mojado y me acerqué a él. Le alcé la cara y lo miré fijamente a los ojos.
Sus manos se colocaron en mi cintura intentando apartarme de él y agachando la mirada se echó para atrás saliendo de la habitación.

-¿Cuándo es el momento Uriel? Me estoy cansando de esperar. Sólo me dices que paciencia. ¡Uriel Vuelve!

Me dejó con la palabra en la boca, el sol seguía sin salir. Todo me vuelve loco, no sé en qué día estoy. No sé cuando amanece ni cuando atardece. Me coloqué unos bóxer  los calcetines. Me eché perfume y me coloqué mi chándal para hacer ejercicio. Me quedaba muy bien el chándal  La verdad es que así caídos me marcan muy buenas curvas. Pero no quita que éstas curvas quiera quitarlas.

Soy demasiado bipolar, no sé ni lo que quiero. Bajé abajo y mis hijas estaban desayunando con Uriel.

-Buenos días Víctor. ¿Qué hace la chimenea encendida?

-La encendí anoche, hacía mucho frío. La nieve ha cubierto todo. Le dije a Dorothy.

-Es cierto, nieve en agosto. ¿Quién lo iba a decir? El tiempo cada vez está más loco.

-Debemos prepararnos para lo que se avecina. Decía Uriel.

-Buenos días chicos.. ¿Cómo amanecieron hoy? Veo que el sol sigue sin aparecer. Decía Emily trenzándose el pelo.

-Buenos días Emily. La cosa va bien por ahora. Mucho frío, pero bien.

-Es extraño el tiempo que hace. Y el tiempo ha dicho que va a seguir empeorando.

-Debemos de prepararnos para lo que se avecina. Volvía a insistir Uriel.

-Bueno sea lo que sea, no podemos quedarnos quietos. Hay que estar al loro de todo lo que ocurra.

En la planta de arriba se escuchó cerrar una puerta.

-¿Qué ha sido eso? Decía Dorothy asustada.

-No lo sé, voy a ver. Decía Emily.

-¡No, no hace falta! Respondí azarado.

-¿Qué te ocurre Víctor? Decía Dorothy.

-Buenos días a todos. Decía Edgar entrando por la puerta.

Todos se quedaron asombrados al ver a Edgar.

-¿Qué haces aquí? Decía Uriel.

-Anoche vine, me encontraba tirado en la calle, sin ropa, sin comida y sin nada. Me encuentro fatal. Víctor me abrió la puerta y me dejó regresar. Si no dice de ser por él quizá hubiera muerto.

-Víctor me alegro del cambio. Decía Dorothy.

-Bien hecho pequeño. Me decía Emily mientras me besaba la mejilla.

-Siéntate Edgar, desayuna. Decía Uriel ofreciéndole asiento.

-Gracias. Veo que las pequeñas han crecido mucho. Que grandes y que hermosas están.

-Gracias. Decían al unísono.

Dafne había llegado al puerto de Nimsville, la tormenta no cesaba y se la podía ver muy alterada. Cabalgó con Pegaso en dirección a la casa.

Mis pequeñas tras acabar el desayuno, subieron a su dormitorio para jugar y tras llevar un rato jugando. Podíamos oírlas reír mientras jugaban con su juego de té y sus muñecas. Podíamos escuchar como una nana y una tercera voz nos asustó. Era una voz grave, de una persona mayor. Pensamos que podrían ser ellas jugando a cambiar la voz. De pronto. “Toc, Toc” la puerta sonó y Emily fue a abrir la puerta. ¡Socorro! Gritaba Akalis.

-¿Qué ha sido eso? Dije saliendo corriendo hacia la habitación de las pequeñas.

Emily tras abrir la puerta quedó completamente paralizada al ver quien había ante ella. Dafne estaba completamente mojada por la nieve, su cara presentaba un sentimiento de rabia, odio, ira.

-¡Fuego! Grité desesperadamente.

Edgar y Uriel subieron corriendo. Dorothy corrió a ver quien vino. Entre las llamas que cubrían la habitación de mis pequeñas pude verlas a las dos cerca de la pequeña ventana con un quinquel y una muñeca de porcelana. La señora mayor estaba en una de las esquinas de la habitación y caminaba por el fuego sin temerle a quemarse. Se colocó detrás de ellas e hizo tirar el quinquel con fuerza contra el suelo. ¡No! Grité mientras intentaba ir hacia ellas. El fuego saltó y las quemó vivas. Sus gritos desesperados se me clavaban en el corazón. Uriel y Edgar extinguieron el fuego con los extintores que había en el pasillo.

-¡No! ¡Mis hijas NO! Gritaba mientras lloraba de la impotencia tirado en el suelo.

-¡Ayuda! Gritaba Edgar.

-Dafne.. ¿Qué haces aquí? Decía Dorothy.

-He vuelto. Vengo tras acabar con todo. Decía con un tono frío.

-Hija pasa, no te quedes ahí. Decía Emily.

-¡Ayuda! ¡Es que no nos escucha nadie!

Tras unos segundos Emily se dio cuenta de los gritos de Edgar. El haber visto a Dafne dejó paralizadas a las dos. Pero ambas reaccionaron y corrieron escaleras arriba. Tras acabar de apagar el fuego no había restos de mis hijas. Se las había llevado al otro mundo. Aquella señora me las arrebató. Me dejó completamente hundido, tirado en el suelo. Lleno de lágrimas, quería estar solo. Quería acabar con todo ésto. Deseaba matar y saciar mi venganza con la muerte.

Al levantarme la vi a ella, estaba ahí. Delante, inmóvil. Sin moverse.

-¿Qué hace ésta aquí?

-Víctor. Lo siento por lo de tus hijas. Decía asustada.

-¿Qué está haciendo ésta aquí? Decía cada vez más alto.

-Víctor, por favor no lo pagues conmigo. No tengo nada que ver.

Me acerqué a ella y la empujé a la pared. Le apreté el cuello con mis manos y la intenté ahogar.

-¿Qué estás haciendo aquí? Le dije enfurecido.

-Víctor, lo siento. No quise. Decía apenas sin voz.

-¡Para Víctor la vas a matar! Me decía Edgar mientras me apartaba de su lado.

-Está aquí, la obscuridad ha llegado a la casa. Ha entrado y se ha llevado lo más valioso. Las hijas del elegido. Decía Uriel en tono filósofo.

-¿Qué estás diciendo? Respondía Emily confusa.

Dafne se tocaba el cuello, se encontraba en el suelo dolorida. Yo estaba llorando en una esquina la muerte de mis hijas. No puedo creer que la pesadilla se haya hecho realidad. No puedo olvidarme de la escena en la que esa maldita vieja se lleva a mis pequeñas. Tras mi ira, despertó en mí un poder oculto que hizo brillar mi hidrópetra y las demás piedras que había en la casa.

-¿Qué es ésta luz? Decía Emily.

-Son las piedras de portal. Víctor con su concentración de emociones ha despertado a la magia dormida. La magia está volviendo, Víctor ha sacado la luz de su cuerpo. Víctor no pares, lucha por la venganza de tus hijas. Me decía Uriel.
-¿Qué estás diciendo Uriel? Decía Dorothy.

-No quiero más magia en ésta casa decía Edgar.

La Hidrópetra atravesó el techo y descendió hacia mis manos. Al verla pude sentir una gran fuerza dentro de mí. Pude canalizar esa gran energía y podía sentir como la dominaba, como corría por mis venas. Un frío gélido terminó de apagar el humo de las llamas. ¿Qué ha pasado? Dije asustado.

-Víctor, acabas de dominar el don del agua. Tu piedra ha sido activada de nuevo. Como la última vez en aquel hospital. Decía Uriel.

-¿El hospital? Lo recuerdo. Fue cuando el hospital de Edgar comenzó a arder. Es cierto, me acuerdo como si fuera ayer.

Salí de la mansión y no podía evitar pensar en mis hijas, hace apenas unos minutos estaba vivas y en cuestión de segundos me las han arrebatado. Juro venganza, juro que me vengaré ahí donde estés. Juro que te encontraré.

Tras pronunciar aquellas palabras una luz fue desprendida de mi piedra hacia el cielo. Ésta luz hizo despejar el cielo de aquellas nubes obscuras que cubrían todo el celeste azul. Y el sol comenzó a salir, descongelando la nieve de todos los rincones. Las voces de la obscuridad han empezando a cesar. La luz vuelve a la calle y al planeta.

Por la acerca vi caminar a Mery, estaba desnutrida, sucia y herida. Dorothy al verla corrió hacia ella y la trajo a la casa. Todo había parecido volver a la normalidad. Pero mis hijas seguían muertas. Volvemos a estar todos juntos, pero mis hijas no están. Y no puedo dejar de pensarlas. Todo me está matando por dentro. Dafne no podía ver a Mery, la miraba con odio pero no quiso actuar. Emily ayudaba a Dorothy a traer a Mery a casa. Edgar y Uriel se acercaron a mí por detrás y me llevaron para el interior de la mansión.

domingo, 28 de abril de 2013

CAPÍTULO 27: AL CAER LA NOCHE.

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CAPÍTULO 27: AL CAER LA NOCHE.

Me voy de casa creo que necesito despejar la mente, todos están dormidos, no debo de hacer ruido ya que si descubren mi huida me traerán de regreso.
Me levanté de la cama y me coloqué mi chaqueta; ya empezaba a refrescar en las noches y la verdad es que no estaba para ponerme enfermo. Abrí la puerta y fui a ver a mis pequeñas. Las dos parecían dormir tranquilas, las besé y las arropé. Volví a cerrar la puerta y..

-Papa...¿Dónde vas? Me decía Akalis.

-Duerme princesa, papá va a la cocina a por algo de beber.

Me daba pena marcharme y dejarlas solas al cuidado de tía Dorothy, Emily y Uriel. Me daba pena irme y no decir nada, han sido muy buenos y nobles conmigo, pero necesito mi tiempo y mi espacio para mí y la verdad es que no lo tengo en casa.

Bajé las escaleras para no hacer ruido con el ascensor y al abrir la puerta escuché una voz que hablaba en el salón.

-¿Dónde crees que vas Víctor? Me decía aquella voz grave procedente de la penumbra del salón.

-Voy a salir, no tardaré. Dije con voz ronca y temblorosa.

De entre la obscuridad una sombra masculina salió, era Uriel que estaba esperando la llegada de Emily. Aún no había llegado de su salida. Me gusta su lado protector.

-Voy a acompañarte y así veo a ver donde se metió ésta mujer.
Al salir una sombra nos vigilaba desde lo alto de la casa, escondiéndose entre las cortinas. Comenzamos nuestro recorrido y Uriel decidió quedarse en el camino y andar. Lo dejé y comenzó a camina durante un largo rato bajo aquella hermosa noche estrellada de luna azul. Yo continué mi recorrido hacia la playa; una vez allí aparqué el coche y me descalcé, me quité los calcetines, me bajé los pantalones, los boxer también me los quité, empecé a quitarme la chaqueta, desabrocharme los botones de la camisa y lo dejé todo en la orilla. Miré al cielo estrellado y comencé a caminar hacia el agua. Mi cuerpo pálido e iluminado por el hermoso brillo lunar destellaba hermosos rayos de luna al chocar con mi cuerpo desnudo. Me sumergí en el agua y comencé a recordar viejos momentos en los que disfruté grandes recuerdos. El agua se encontraba cálida y en buena marea, su olor era hechizante, su calidez acogedora  su brillo único, su magia.... se me hace raro ahora decir ésta palabra. He dejado de creer pero algo en mí me pide hacerlo. Comencé a nadar más a la profundidad y me sumergí en el agua de nuevo. El vaivén de las olas me eleva a un paraíso sin fin, la iluminación lunar bajo el agua cristalina me mostraba un Edén, me sentía parte de él y comencé a liberar y purificar mi alma.

Bajo el agua miré hacia el cielo y vi algo extraño moverse en el celeste azul marino de la noche. Salí a la superficie y volví a ver algo sobrevolar aquel infinito universo plagado de estrellas. En las noticias dijeron que iba a estar nublado.. mas yo podría jurar que no hay ni una sola nube en el cielo. Casi puedo ver con claridad todas y cada una de las estrellas incluso podría decir que esas extrañas luces son lluvia de estrellas. A lo lejos en el mar pude ver algo negro acercarse hacia a mí, parecían aletas lo que sobresalía en el agua. Me asusté, pero por un momento sentí calma en mí. Era como si una parte de mí me dijera que debía estar en éste momento aquí y que viviera ésto.

Aquella extraña criatura que parecía un tiburón seguía acercándose cada vez más hasta acabar rodeándome y nadando en círculos alrededor de mí. Se detuvieron y salieron a la superficie. Eran las aletas dorsales de una manada de delfines, las que por un momento me asustaron. Les toqué el hocico y comencé a saludarles, parecían entenderme mas sus cantos enviaban a mis oídos una magia y unas vibraciones placenteras y relajantes. Eran armónicas e inigualables.

Volví a ver aquella luz del cielo caer, pero ésta vez cayó en unos árboles que se encontraban en lo alto del acantilado. Me asombré un poco, pensé que podría haber sido un meteorito pequeño que había caído. Salí del agua y comencé a caminar desnudo por la orilla del agua hasta llegar a las rocas que subían al acantilado. Pensé en usar el coche, pero me acordé que era imposible subir por el camino de rocas con él. Una vez arriba sólo veía las sombras de los árboles moverse de un lado para el otro y algún que otro búho y lechuza cantar entre los árboles. A lo lejos una extraña luz color verdosa destellaba en mis ojos y me impedía ver, corrí con cuidado y escondiéndome por detrás de los arbustos y comencé a contemplar lo que allí ocurría. Era un extraño artefacto de gran tamaño; color blanco y negro del cual una luz parpadeante salía de uno de sus laterales. Un ser extraño bajaba a través de la luz, iba acompañado de otro ser. Iban vestidos con unos ropajes ceñidos al cuerpo, su cuerpo era delgado y su piel azulada. Casi parecía pálida, pero tenía un aspecto muy espacial. Para ser extraterrestres parecían muy humanos.

-Es la hora querido. Debemos empezar otra vez. Decía una voz femenina proveniente de uno de los dos seres.

Podía entenderles, eso quiere decir que hablan nuestro idioma. Pero... ¿Por qué?

-Tranquila Athenea debemos tener cuidado. La última vez casi morimos en el intento de salvar lo poco que quedaba.

Ésto me suena de algo, pero no sé por qué.

-Querido tenemos compañía.

¡oh, mierda! Me han descubierto.

Los seres extraños se acercaron hacia donde me encontraba y apartaron las ramas.

-¿Qué haces aquí, pequeña criatura?

¿Qué hago?

-Perdonar, no debí venir. Será mejor que me marche.

-Tranquilo, no vamos a hacer daño a nadie. Venimos de un planeta muy lejos de ésta galaxia. Hemos visto la alerta de posible fin del mundo, y hemos vuelto para ayudar a calmar a la madre Tierra.

-¿Entonces no vais a matarme ni hacer experimentos conmigo?

-No, ¿por qué íbamos a hacer eso? Que mala fama nos tienen dada aquí en el planeta. Decían.

La verdad es que parecían buenas personas.. bueno seres extraños. Sus rostros eran muy humanos. Su comportamiento era incluso más civilizado y humano que el de los de por aquí. Yo me imaginaba a los alienígenas color verde, ojos grandes y negros. O cuerpos peludos, incluso viscosos y con muchos brazos. Pero éstos son muy humanos, su piel era azul pálido, casi blanco como el color de nuestra piel. Tenían algunas vetas brillantes que resaltaban hermosos brillos color jade. Sus ojos eran muy humanos, tonos muy naturales, azul y verde el de éstos dos seres. La que parecía ser la mujer, tenía el pecho bien apretado con el traje. Apenas parecía ser una mujer por la ropa tan ajustada que tenía. El cabello ambos lo tenían recogido en un gorro parecido al que utilizamos en natación.

-¿Por qué estás desnudo pequeño? Me decía el señor alienígena.

-Disculpen, me encontraba nadando y vi caer algo del cielo y quise ver lo que era, ni tiempo me dio de vestirme.

-Ven pasa a la nave, te daré algo de comer y de vestimenta.

-No gracias, será mejor que me marche ya a casa.

-Como quieras, nosotros vamos a estar aquí durante un pequeño corto tiempo.

-Hasta otro día.

Me marché corriendo de allí, cogí mi ropa y me marché. En la vuelta a casa me encontré a Uriel y a alguien en brazos. Detuve el coche y me di cuenta que era Emily, había sufrido un accidente con el coche y sólo se encontraba mareada y asustada. Llegamos a casa y le dimos una taza de café. La pobre parecía asustada, se encontraba muy azarada. ¿Qué habrá visto para estar así? No quiso darnos explicaciones, se levantó de la silla y subió a dormir. La noche iba a ser larga.. lo veía venir.

-Víctor, creo que lo mejor será que no salgamos a la calle hasta que no amanezca. Van a empezar a ocurrir cosas que es mejor estar escondido.

-¿Por qué lo dices?

Parecía preocupado.

-Debemos esperarnos, ésto ha ocurrido varias veces. Y ésta vez algo me dice que va a ser el fin.

Un pequeño temblor hizo abrirse la puerta que llevaba al sótano, me asusté y decidí ir a cerrarla. Uriel me acompañó, parecía preocupado, esa cara era nueva para mí. Comenzamos a bajar las escaleras para comprobar que todo estaba bien y él se veía triste al ver el interior de ésta amplia habitación.

-¿Qué te ocurre Uriel? Le dije.

-Nada, que ésta habitación me recuerda a algo. Pero no sé a qué.

Volvimos a subir y cerramos la puerta. ¿por qué recordará ésto a Uriel si nunca ha vivido aquí? Muchas dudas volaban en mi cabeza. La noche pasó rápido y ya era hora de comenzar a amanecer, pero la luna seguía fuera y el sol parecía no tener ganas de salir hoy. En el patio sobrevolaban luces pequeñas y las plantas del interior de la casa parecían querer comunicarse con nosotros. Salimos al patio zen que había en el interior y unas voces se escuchaban entre las sombras.

Ayuda” pronunciaban en el aire.

¿Qué querrá decir ésto? Me dije interiormente.

-Debemos de hacer algo, las criaturas éstas necesitan nuestra ayuda. Decía Uriel.

¿Criaturas? No veo nada.

-¿Qué dices? No veo nada.

-Has dejado de creer, es normal que no veas nada. Pero hay pequeñas hadas y ninfas sobrevolando el patio. Las driadas están entre los árboles y los duendes y gnomos se ocultan entre las ramas.

Éste chico se ha vuelto loco... eso son nada más que cuentos de hadas. ¿Cómo va a ser posible que estén en mi casa?

-Uriel.. me voy a la cama. Tengo sueño. Hasta mañana.

-Descansa Víctor. Yo me quedaré al cuidado de éstos seres.

Subí las escaleras y comencé a caminar en dirección a la habitación. A través de la ventana se filtraban los rayos de luna. Era un brillo único e inigualable, una mezcla entre celeste y amarillo, las vidrieras de la ventana dibujaban en el suelo los motivos decorativos que tenían. Entré en mi habitación y me volví a quitar la ropa, encendí la luz del cuarto de baño y me lavé la cara, me miré en el espejo y sentí un gran vacío en el pecho. Era como si algo me faltara, ya habían pasado varios días desde que eché de la casa a Mery, Edgar y Dafne. Y casi parecían haber desaparecido de nuestras vidas. Me metí en la bañera y me eché agua fría para quitarme la sal del mar me coloqué una toalla alrededor de la cintura y me acosté. Pasados unos segundos sentí la necesidad de beber agua, me encontré con la garganta reseca mas también pude percibir un extraño olor a corrupto. No me agradó nada aquel horrible olor, abrí los ojos y la vi encima de mí. Era la viva imagen de un ser diabólico. Era una mujer de cabello largo y rizado, tapada con un velo negro que le cubría el rostro, pero del cual se filtraba una mirada fría y penetrante. Sus ojos eran color rojo sangre, su piel es pálida como la nieve. Sus labios carnosos y deshidratados, con heridas, de ellos salían sus enormes dientes afilados de criatura maligna. Vestía una vestimenta larga color roja, dorada y azul. En sus manos portaba en la izquierda un puñal y en su derecha un pergamino. Sus ojos no apartaban su mirada de los míos, su mano izquierda alzaba el puñal en intento de atacarme. Yo no pude evitar asustarme y comencé a gritar. Toda la casa se revolucionó al escuchar mis gritos aterrados. Encendieron la luz y me encontraron en una esquina de la habitación. Con los brazos tapándome la cabeza y en movimientos vaivén. Dorothy me levantó del suelo y me llevó a la cocina me sirvió una tila para relajarme y le expliqué lo ocurrido.

-¿Qué te ha pasado pequeño? Me decía mientras me daba la tila.

-Ha sido horrible, era una mujer mayor, estaba encima de mí y quería matarme.

-¿Matarte? Respondió Emily.

Uriel parecía pensativo, no hablaba, sólo observaba y escuchaba. Había sido nuestra primera noche obscura. Y la verdad había empezado muy fuerte.

La niebla hizo romper las paredes de la habitación donde se encontraba Edgar, y éste estaba a punto de lanzarse a un vacío acantilado, del cual se desconocía la vista del fin. Sólo se observaba una gran penumbra visto desde arriba. El aire corría a alta velocidad, sus cabellos se revolucionaban en su cabeza. Sus ojos derramaban lágrimas y cada vez iba a más. Su cuerpo presentaba más heridas que anteriormente, se había lastimado mucho más. Miró al cielo y gritó:

-¡Víctor! Mientras se lanzaba al vacío.

Mientras caía una luz entre la obscuridad comenzó a desprender intensas ráfagas de luz, él cegado por la luz y las lágrimas no pudo distinguir nada y penetró en la luz. Al volver a abrir los ojos se encontró envuelto en unas sábanas y desnudo.

-¿Dónde estoy? ¿Qué es éste lugar?

Dafne al haber eliminado por completo la magia no se dio cuenta de que ahora le costaría regresar así que decidió usar los barcos del puerto y comenzó a navegar hasta Nimsville.

-Víctor me parece muy raro que justo ahora vuelvan las pesadillas. Decía Dorothy.

-No te debe de parecer raro, está recuperando la memoria, es normal. Vuelve a ser él, y sea quien sea esa mujer debe tener cuidado. Es la misma que una vez en antaño cuando era pequeño intentó matarlo. Recuerdo como si fuera ayer cuando aún siendo pequeño tuvo unas pesadillas como esa. No intentó matarlo, quería matarlo. Siempre he querido saber qué relación tenía ese extraño ser con la realidad, porque al despertar siempre amanecía con heridas y cicatrices, incluso muchas veces las sábanas aparecían con sangre.

-Debe tener cuidado, no es alguien de buena fe. Decía Uriel.

-¿Qué quieres decir? Decía Emily.

-No debo hablar del tema, me lo tengo prohibido. Son cosas que es mejor alejarlas de la mente, ya que si se piensan cobran más vida.

-Pero es que están atacando a Víctor. Debemos ponerle solución, de lo contrario podría matarlo en verdad. Decía Dorothy alterada.

-No quiero hablar más del tema. Respondí en voz alta.

-Debemos prepararnos, la obscuridad está entre nosotros, y las criaturas mágicas han huido de sus mundos, la guerra es imparable. Algo ha ocurrido en los mundos, porque ahora son parte de éste. Las líneas que nos separaban ahora se han juntado con nuestra dimensión y significa problemas.

-¿Cómo podemos solucionar ésto? Decía Emily.

-¿Os creéis superheroes? ¿pensáis que vais a luchar contra algo que ni existe? Por favor.. dije en tono irónico.

-Víctor.. sé que no crees, mas no te culpo, pero es más grave de lo que puedas imaginar. Decía Uriel.

Se le veía muy seguro de lo que decía, pero ésta situación me escama no sé qué pensar, ni qué decir, ni qué hacer. La verdad estoy perdiendo el sentido de todo. Me levanté de la silla y me fui al salón y miré por la ventana.

Pude ver sombras vagando por las calles, daba miedo porque no podía ponerle rostro a lo que vagaba en la penumbra de la noche.

-Víctor, lo decían los Atlánticos, los Mayas, los Egipcios, los Hincas, los Aztecas.. todas las antiguas civilizaciones lo vieron venir. Ahora están aquí, los seres de las tinieblas han regresado y quieren acabar con todo. Se han estado alimentando de toda la ira que se ve por las calles.

-Es mejor que dejemos el tema. No voy a permitir que ésto afecte a mi vida y mucho menos a mis hijas.

-No debiste echar a Edgar, ni Mery ni a Dafne de la casa. ¿Qué habrá sido de todos ellos?

-Hice lo correcto. Respondí fríamente.

-Señorita Lucksim.. Debe marcharse de aquí. Ésta empresa no le pertenece y el banco la echa. Haga el favor de marcharse, y coja sus pertenencias.

-¿Qué está usted diciendo? ¿Cómo que el banco se ha quedado con ésto?

-No ha pagado, las facturas, su empresa ha caído en quiebra y debe irse. Ha quedado en la calle, búsquese otro lugar para vivir. Porque la verdad ésto lo ha dejado destrozado.

Mery se resistió y los guardias de seguridad la echaron a patadas, ésta cayó al suelo y se hizo una herida en el labio. Comenzó a caminar sin rumbo por la calle, con la ropa rota, sin zapatos y despeinada. La gente la miraba y la trataba como una vulgar callejera, una más del montón que se ha unido a la vida callejera. Ella se sentía sucia, despreciada, humillada. Comenzaba a hablar sola y a delirar.

-¿Qué ha sido de la dueña de toda la fortuna de Lucksim? ¿Dónde ha quedado la más poderosa de la ciudad? Toda hundida y echada a la calle hasta de su propia casa. No merezco tanto dolor. Quizá me pasé, pero no merezco ésto. No me arrepiento de nada. ¡LO JURO! ¡JURO QUE ME VENGARÉ, VÍCTOR!

-Dorothy debemos de hablar. Decía Emily.

-Sí, debes explicarme, qué es esa herida que tienes en la frente. Respondía Dorthy.

-¿Ésta herida? No es nada grave, sólo que el coche he llamado para que me lo arreglen, he tenido un pequeño accidente.

-¡Cómo! Decía atacada Dorothy.

-Sólo fue un susto, estoy bien. La verdad, es que anoche vi a un señor.. que me dejó fría.

Se la ve asustada, no me gusta el sentimiento que desprende.

-¿Un señor? ¿Qué señor?

-Será mejor que lo hablemos en otro momento. Decía agachando la cabeza.

Parecía no querer hablar delante nuestra, así que me levanté y me marché con Uriel arriba a ver a las niñas.

En ese momento Emily continuó la conversación, sabía que era por mí. Me duele que haya éste tipo de secretos y me jode que se hable de mí. Podrían hacerlo delante de mí y no a mis espaldas.

-Era el padre de Víctor.

-¿Cómo va a ser posible? ¡Pero si murió!

-Sí, o eso parece. No lo sé. Ya no estoy segura. Pero era él. O al menos alguien parecido a él.

-¿Y está aquí? Decía Dorothy asustada.

-Lo está, paseaba en la noche, iba muy trajeado. Con capa y sombrero, la verdad es que parecía ir o venir de algún club o algo.

-Es extraño.

-Uriel.. ¿Qué opinas de lo que ha ocurrido?

-Prefiero mantenerme al margen. La verdad es que no quiero hablar de eso.

-Es mejor, pero no me parece bien. Creo que no deberían hacer ésto.

-Deja de pensar, es lo mejor. No merece la pena créeme. Cuando conozcas otras cosas opinarás de otra forma.

No entendí lo que quería decir, pero era lo mejor. Alejar cualquier pensamiento de éste tipo.

Nos fuimos al lavabo y bañamos a las pequeñas, ellas disfrutaban jugando en el agua. Me encantaba verlas sonreír. Me alegraban todo, eran capaces de sacar ese lado positivo de mí. Tras acabar el baño, las vestimos y bajamos a comer, en la comida no hablamos mucho.

-¿Hasta cuándo va a seguir la obscuridad? Decía Dorothy.

-Aún es el principio.. Respondía Uriel.

Retiré la mesa y comencé a limpiar los platos, y a fregar el suelo. Necesitaba pensar en algo menos en la escena que ocurrió. Algo en mí despertaba sentimientos y emociones diferentes a las que solía recordar. El odio, el rencor, la ira, la rabia, miles de sentimientos obscuros afloraban en mi interior. Mi corazón poco a poco se iba obscureciendo más y más.

-Uriel, ¿has notado raro a Víctor? Decía Dorothy.

-Está muy raro últimamente. Respondía Emily.

-Es mejor no agobiarle, y dejarle. No quiero que también os eche a vosotras. Yo prefiero no tocar más éstos temas y cuanto antes lo dejemos, antes acabará. Estoy trabajando en algo que puede ayudarnos a acabar con todo ésto. Y creo que va a ser muy arriesgado.

-¿Arriesgado, por qué? Respondía Emily.

-Es ir al comienzo de la historia. Donde al menos una parte empezó.

-No entiendo lo que quieres decir. Decía Dorothy.

-Tiempo al tiempo. No es el momento, apenas está empezando a actuar como antes. Aunque un poco cambiado. Pero es por todo lo que ha ocurrido en poco tiempo. Además las crías no me transmiten una buena energía. Se alimentan de algo, que viene de fuera y no es la comida que le damos. Ese crecimiento es anormal.. y algo me dice que es malo.

-¿oye chicos sabéis qué es éste frasco? Pregunté en voz alta.
Emily vino a ver qué frasco era y se sorprendió al verme con él.

-¿Qué haces con eso? Me dijo.

-Estaba vacío y guardado en el mueble de ingredientes.

-No es posible, pero si se había perdido. Un momento...

-¿Qué pasa? Le dije.

Parece que no va a responder, está intentando huír de nuevo. Algo pasa y no me lo quieren decir. Cogí el frasco lo tiré y me marché de la casa cabreado.

-¡Víctor espera! Me gritaba Emily.

Es tarde, ya estoy cansado de tanto ocultar y hablar a mis espaldas. No soporto más ésta situación, quiero que acabe todo, si existiera la magia, desearía con todas mis fuerzas acabar con ésta situación. Lanzaría una enorme bola de fuego y me quedaba solo. ¡Estoy harto! Al gritar los cristales de un coche que había aparcado en la acera explotaron. Me asusté pero no le di importancia. Continué mi camino y seguí discutiendo solo.

-¿Qué ha pasado Emily? ¿Por qué se marchó? Decía Uriel.

-Lo siento, ha sido mi culpa. No debí.. debemos ser claros con él. No podemos ir de media lengua siempre, y hablar a ocultas con él. Creo que nos estamos pasando. No está pasando por la mejor etapa, está empezando a recordar y a vivir cosas que no son de mucho agrado para una persona como él.

-Tienes razón Emily, pero él tampoco quiere hablar claro, sólo evita el tema, y evadirlo no es la solución. Tiene que afrontarlo y aceptarlo. Sé que es difícil, pero debe de hacerlo. Aunque por ahora lo mejor es dejarlo.

-¿Qué era el frasco ese? Dijo Uriel.

-Es el frasco que Dafne perdió. Creo que tu sobrina Mery lo bebió. Porque está vacío.

-No es posible.. decía Dorothy asustada.

En mi camino de soledad, me tropecé con una chica muy estropeada. Caímos al suelo y al levantarme..

-Lo siento, disculpe, no miré por donde iba. ¿Se ha hecho daño? Le dije intentando ayudarla.

La miré a la cara y vi que tras toda esa suciedad se escondía la que un día era Mery.

-¡Víctor! ¡Eres tú!

No es posible, ¡qué hace con éstas fachas!

-¿Qué pintas aquí? Le dije cabreado.

-Eso mismo digo yo. ¿Qué haces por éstos sitios?

-¿Yo? Me he ido de casa, necesito libertad.

-Interesante, parece ser que en casa todo anda muy mal desde que me fui. Yo ando de un lado para otro, no tengo donde ir, ni dinero, ni comida, ni agua para lavarme. Todo se ha ido a la mierda. Víctor mi vida como mujer ha terminado.

-Quiero el divorcio. Quiero que me devuelvas mi vida. Le dije cabreado.

-De acuerdo, pero con éstas pintas.. ¿no pensarás que voy a hacer mucho?

-Todo a su tiempo. Pero cuanto antes mejor. Ahí te quedas, nos veremos pronto... Espero.

-Claro. Ten buena noche.. Me decía mientras caminaba en dirección opuesta a la mía.

Me giré y la vi buscando entre los cubos de la basura algo de comer. Cuanto mal he hecho para que ésta pobre chica acabe así. Soy un demonio de persona, ¿Y si está así de mal ella.. cómo estarán los demás?

A lo lejos vi una montaña y me vino el recuerdo antaño de una mujer cabalgar hacia mí en un albo caballo. ¿ésta mujer...? Dafne.. ¿Dónde estará? Es cierto, recuerdo como si fuera ayer cuando apareció. Continué mi camino y vi la editora de periódicos, estaba cerrada por la crisis. Había caído en quiebra, y parece que fue ayer cuando salí con Edgar aquella mañana para buscar respuestas por la noticia que apareció en aquel periódico. ¡Edgar dónde estarás!

No sé que me está pasando. Han ocultado muchas cosas, y debo de odiarlos. Pero también han estado ahí en todos los momentos. Yo recuerdo que di mi vida en el viaje para encontrar un medicamento que los ayudara. Di mi vida para salvar la vida de Mery, di mi vida para buscar a Dafne. Todo me está dando vueltas. ¿Qué me pasa? ¿Por qué todo me viene así de grande ahora? No puedo evitar llorar. Quiero desaparecer. ¿Qué es aquel ser que hay delante de mí?

A lo lejos entre la niebla y la poca luz que había se veía una sombra negra de ojos rojos que no dejaba de observarme. Parece estar montada en un caballo obscuro. No puedo distinguir muy bien las formas. Me siento débil, me siento indefenso. Se me está acabando todo.

Dafne en el camino de vuelta a Nimsville no dejaba de recordar viejos tiempos. Sentía un frío en su cuerpo que calaba sus huesos. No encontraba la calor natural, parecía estar muerta en vida. Todo le daba vueltas, iba subiendo y bajando al compás de las olas. De un lado para el otro, su orgullo y ansía de venganza hacia Mery iba creciendo más y más. Tenía sed de sangre, el haber matado a su propia madre le supo a poco y quería llegar a más. No podía soportar y aceptar el que Víctor la rechazara de aquella forma. Todo se le venía encima y caía sobre su espalda el peso del dolor de todos. Lo único que la mantenía firme era la venganza contra Mery.

¿Cómo puede cambiar todo en cuestión de segundos? ¿Qué me pasa? No puedo moverme, el frío está impidiendo que me mueva. Tengo que hacer algo.. ¿Pero qué? ¿por qué me observa? ¿Qué quiere de mí? Cerré los ojos y al abrirlos de nuevo, la sombra había desaparecido.